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¿Por qué visitar Menorca antes de verano?

Menorca ya es en sí una tentación, como tantas otras islas que nos enamoran y además ahí, rozándonos, salpicada de bellos faros, espectaculares rincones, adoradas calas y playas de blanca arena lamiendo el mar que nada tienen que envidiar a las de las Maldivas y otros paraísos. Lo mejor es que Menorca no ejerce de reina del turismo, como su vecina la igualmente sin par Mallorca, y continúa haciéndose valer como ese lugar especial donde la vida sigue la estrategia del caracol. Todo en la isla balear es deliciosamente tranquilo. Te contamos cómo puedes recorrerla antes de que lleguen, aunque aquí lo hagan en silencio, los turistas.

Un camino de caballos para hacer a pie. Se llama Camí de Cavalls desde antiguo, es un GR (sendero de gran recorrido europeo), concretamente el GR-223, tiene 185 kilómetros, está dividido en 20 etapas y da la vuelta a la isla, en una suerte de camino de Santiago que transcurre por la Menorca playera, la rural y la urbana, la de los barrancos, los humedales y los cultivos. No se deja ni Mahón, en levante, ni Ciudadela, en poniente, y llega hasta sus confines. La miel ya la tenemos en los labios.

Por la isla y a caballo, no se puede pedir más. (Foto: Turismo Menorca)

Una de piratas. En la isla que ha hecho famosas las sandalias más mediterráneamente veraniegas (abarcas) todo es apasionante y también el hecho de saber que este recorrido costero tuvo en su día, allá por el siglo XIV, funciones defensivas contra los piratas, con el temido y legendario Barbarroja a la cabeza. Conclusión: está sembrado de torres de vigilancia. Y aún más leyenda: después fue utilizado por los soldados británicos para sus guardias en los tiempos de dominación británica de la isla, ya en el XVIII, y posteriormente sirvió para unir los predios (haciendas) hasta hacerse público en 2010, para lo que hubo que llegar a acuerdos con los dueños de hasta 120 fincas privadas. Toda una conquista y nosotros los conquistadores. Vamos a por todas.

El kilómetro 0 del Camí de Cavalls está en el puerto de Mahón. (Foto: Turismo Menorca)

Dónde comienza. Nos vamos a poner machadianos y vamos a decir eso de 'se hace camino al andar'. Y es que es así: lo suyo es ponerse, da igual desde dónde, porque el itinerario es circular, nada de ir y volver. Pero para metódicos y amigos de los kilómetros 0, esta puerta del Sol está en el puerto de Mahón, punto de partida de la primera etapa, que llega hasta Es Grau después de recorrer 10 kilómetros durante tres horas y media. Ningún otro momento como la primavera.

Isla bonita. De repente nos ha venido a la cabeza la canción de Madonna casi al mismo tiempo que la película que Fernando Colomo rodó precisamente aquí y que llamó justamente así, 'La isla bonita' (con él de flamante protagonista, a lo Woody Allen) y que da buena cuenta de lo que esta isla es: auténtica. Esto nos lleva a que el Camí de Cavalls (y de bicis y para senderismo) pasa por cultivos y tierras donde bucólicamente el ganado acostumbra a pastar, las aves campan a sus anchas y la vegetación muestra con descaro sus particulares encantos.

El faro de Artrutx, a un paso de Ciudadela, en el cabo del mismo nombre. (Foto: Turismo Menorca)

De Mahón a Cala de Sant Esteve. Después de Mahón la siguiente etapa culmina en Favàritx, donde el faro, pisando un escenario que es lunar y dentro del Parque Natural de s'Albufera des Grau, para ir luego a Arenal d’en Castell, a Cala Tirant, Binimel-là, Els Alocs, Algaiarens (con unos soberbios arenales), Cala Morell (de casas blancas y un frondoso pinar), Punta Nati, Ciudadela y su impecable casco histórico, Punta de Artrutx, Cala Turqueta, Cala Galdana, Sant Tomàs, Son Bou, Cala en Porter, Binisafúller, Punta Prima y Cala de Sant Esteve, que tanto gusta a los menorquinos, en recorridos de dos a cinco horas de duración y de seis a 13,6 kilómetros.


Típico paisaje de la Menorca de adentro. (Foto: Hotel Torralbenc)

¿El nivel de dificultad? Medio y fácil, salvo la etapa número 6 de Binimel-là a Els Alors, que es difícil pero tiene premio: las calas Barril, Calderer o Pregonda (y h ay más). El camino está recomendado para todos los públicos. Nosotros lo recomendamos aún más. No es lo mismo hacerlo a pie, claro, que sobre dos ruedas o a caballo.

Lo que no hay que perderse. La riqueza paisajística es tal que emociona, pero vamos a marcar algunos de los hitos de esta singladura sin barco. Además de lo ya dicho, las dunas de la alejada cala de Sa Torreta, la basílica paleocristiana del Cap des Port de Fornells, el pueblo de pescadores de Fornells, famoso por su comida y en especial su caldereta de langosta; el faro de Cavalleria, el punto más septentrional de la isla, sobre acantilados de más de 80 metros de altura, con un mar de todos los azules; el poblado talayótico (finales del II milenio a.C.) más grande de la isla, Torre d’en Galmés, y el preciosísimo Binibeca Vell, pintoresco como el que más. Para morirse (y vivir) de placer.

Ciudadela muestra la cara urbana de la isla. (Foto: Turismo Menorca)

De compras. Nos vamos a poner las botas. En Menorca hay artesanos de todo. Los que hacen el reconocido queso Mahón-Menorca, los que trabajan la madera (en especial las barreras de acebuche del campo menorquín), los que fabrican bolsos y complementos de cuero, los que le dan a la pasamanería y la tapicería, los del barro, el hierro y el papel, los joyeros, los jaboneros (con flores de la isla) y los que no podían faltar, los que nos visten por los pies, los hacedores de abarcas, que son santo y seña del lugar. Por el camino te saldrán al paso multitud de pequeños talleres y luego está el Centro Artesanal de Menorca, en Mercadal, en las faldas del monte Toro, el más alto de la isla (358 metros).

Un hotel y un plan. Lo suyo es hacer el Camí de Cavalls a la menorquina, o sea, a caballo; y a caballo de pura raza menorquina. Apuntarte a un plan como el que ofrece el tentador Torralbenc para el mes de abril, en plena primavera, cuando la isla se quita aún más el apellido de turística, y que incluye, además del paseo ecuestre, un picnic con productos de la zona -aquí todo es así-, una cena en el restaurante del hotel con un menú gastronómico de aires mediterráneos y la estancia en esta antigua finca agrícola de 70 hectáreas entre viñas y jardines y con vistas al mar, entre Mahón y Ciudadela.



Todo un buen ejemplo de arquitectura tradicional y agroturismo que cuenta con área de fitness, sala de yoga, masajes y tratamientos varios y una piscina de agua salada. En plan lujo campestre (y con muchas muchas flores). El Torralbenc te hará olvidar lo feliz que fuiste en la posada morisca de Frigiliana o lo mucho que te gustan las islas griegas. Precio: 950 euros (2 noches para 2). Dónde: Ctra Mahón – Cala en Porter, km 10. Alaior (Menorca).

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